Cada año, cuando el calor del verano aprieta, cientos de tenistas asaltan las instalaciones del All England Tenis Club en busca de la gloria. A muy pocos les gusta la lluvia de Londres, las dos semanas en unas instalaciones obsoletas, el vestir de blanco o el jugar en hierba. Tan cierto es eso como que todos los tenistas señalan como su favorito al paraíso del saque y volea.
Fue en 1877 cuando se puso en marcha un torneo de tenis elitista destinado a las clases pudientes de Londres. Medio siglo después, la I Guerra Mundial lo hizo desaparecer y el Club tuvo que acudir a donaciones para sobrevivir. Fue la salvación y la consagración del torneo. Americanos, franceses y asutralianos pusieron sus pies en Gran Bretaña y sus nombres en el palmarés.
Wimbledon es el mundo del saque y volea. El bote rápido y bajo de la bola obliga a una velocidad de piernas inusual. La fortaleza en el servicio y la derecha son fundamentales. Las dejadas y liftados son imprescindibles. Es el tenis de verdad, el de subir a la red, de jugarse el todo por el todo, de buscar el límite físico y táctico, el del golpe en décimas de segundo. Pero sobretodo es WIMBLEDON, es historía. Todo lo demás da igual, lo importante es vivir la mística de la hierba.
1 comentario
Mayo 11, 2008 a las 6:22 pm
[...] Quizás, mientras levantaba su copa de champán para celebrar el año nuevo, se prometió a si mismo ser un buen chico aquel año. No lo sé. Pero el caso es que en 1992, Andre Kirk Agassi (1970) decidió dejar de ser un rebelde. O mejor dicho, dejar de ser un rebelde sin causa y buscar una. Plantarse delante de la Reina de Inglaterra en el All England Club de Wimbledon. [...]