La rata que volvió de la muerte

Nurburgring, Alemania 1976. El Ferrari de Niki Lauda choca contra un muro al salirse de la pista, rebota y vuelve nuevamente a la pista. De repente, el coche comienza a arder y Niki con él. Tres pilotos se detienen a ayudarle: Harald Ertl, Guy Edwards y Arturo Merzario; al que más tarde Lauda le regaló un reloj de oro en agradecimiento. El piloto austriaco arde vivo. Al borde de la muerte, un sacerdote le administró la extremaunción. Tiene graves daños en los pulmones y en la sangre además de quemaduras en el rostro. Cayó en coma.

Lauda había nacido en el año 1949 en el seno de una familia adinerada. En contra -y gracias a su ayuda económica- de la voluntad de su familia comenzó a competir en carreras labrándose un nombre que provocó que Luca di Montezemolo lo fichara para Ferrari en 1974.

Al año siguiente Lauda lograría el campeonato. Se le llamaba la rata porque era un estudioso de las carreras, del coche. Precisamente se decía que había ganado el título por ello y no por ser un buen piloto.

Seis meses después de caer en coma, Lauda milagrosamente vuelve a las pistas. Su rostro lo delata. Niki confesaría en su biografía que “estaba petrificado de miedo” el día que volvió a la competición.

Volvió para jugarse el título mundial. Debía quedar delante de Hunt, su rival en el GP de Japón. En un día lluvioso, a la segunda vuelta abandonó. Se dice que al no tener cejas el agua le entraba en los ojos impidiéndole así la visión. La escudería Ferrari jamás se lo perdonó, y aunque volvió a ganar el título en 1977 fue despedido de la firma italiana y tras probar con Brabham se retirará en 1979.

Sorpresivamente, en 1982 el hombre que volvió de la muerte, vuelve a los circuitos. Después de una exitosa prueba con McLaren, su único problema fue convencer al patrocinador del equipo, Marlboro, de que aún era capaz de ganar. Lo demostró en la tercera carrera. Dos años después Niki Lauda consiguió su tercer campeonato del mundo con una victoria por medio punto sobre su compañero de equipo Alain Prost.

La imagen de su coche envuelto en llamas, recorrió el mundo entero. Tres valientes conductores y un policía lograron sacarlo. Tenía quemaduras de primer y de tercer grado en la cabeza y en las muñecas, varios huesos rotos y los pulmones inundados de gases tóxicos. Se lo dio por muerto, y hasta un sacerdote le dio responso, pero seis semanas más tarde, con sangre mojando los vendajes de su cabeza, terminó cuarto en el Grand Prix de Italia. Es la rata que volvió de la muerte.

 

 

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