El rugido del oso

Cuando en 1986 el Masters de Augusta echó a rodar, Jack Nicklaus no estaba entre los favoritos. A pesar de ser el golfista más laureado de todos los tiempos, había llovido mucho desde que en 1980 se alzara con el título del PGA, por entonces su entorchado número 17 en ‘Majors’.

Con 46 años, el Oso Dorado -su apodo en el circuito, debido a su complexión fuerte y su cabello rubio-, había dejado paso a una nueva generación de golfistas encabezada por Severiano Ballesteros y Greg Norman, por lo que nadie contaba con Nicklaus en el Masters de aquel año.

Al término de la primera vuelta, Ballesteros, ganador del Masters en 1981 y 1983, tiene dos golpes de ventaja sobre Tom Kite, Greg Norman y Nick Price, todos ellos con -5. A falta de 9 hoyos, Nicklaus está a 4 golpes de la cabeza con -3. Sus opciones de victoria son reales, aunque pocos creen que aguante el tirón final.

Sorpresivamente, los hoyos van pasando y Nicklaus afila las garras. -4 en el 13, -6 en el 14. La gente comenzó a gritar ¡’Jack is back’, Jack is back’!. El Oso se crece ante la manada de jóvenes lobos que le acosan. Afila las garras. Tiene su decimoctavo ‘Major’ en el punto de mira.

Un espectacular ‘eagle’ en el 15 y un error de Ballesteros, que manda la bola al lago, colocan a Nicklaus en el liderato por primera vez en todo el fin de semana, aunque empatado a golpes con el español. Con la edad quizás le falte músculo, pero al Oso le sigue sobrando cabeza. Un par de ‘birdies’ en los dos siguientes le darán el liderato en solitario, y en el último, Nicklaus sólo tiene que embocar para alzarse con el título después de una increíble remontada. El Oso volvía a rugir.

Una hazaña. Thomas Boswell, del Washington Post, comenzó de esta manera su crónica del día siguiente:

“Algunas cosas no pueden pasar porque además de improbables también son imperfectas. El equipo de hockey sobre hielo de USA no pudo derrotar a los rusos en los Juegos de Moscú. Jack Nicklaus no puede hacer 65 golpes para ganar el Masters con 46 años. A nadie le viene eso a la mente”.

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1 comentario

Archivado bajo golf

Una respuesta a “El rugido del oso

  1. Si es que en el deporte, como en la vida, las cosas nunca vienen dadas, y cuanto más sorprendente e imprevisto sea algo, más valor adquiere. Hoy en día (y ojalá alguien que yo sé leyese este comentario), la imperfección es una virtud. Ánimo.

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