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Sacchi, el Milan y el fuera de juego

“Cuando entrenaba al Parma de la Serie B, jugamos tres veces con el Milan en Copa. Les ganamos dos veces seguidas en MIlán. La primera vez Berlusconi me dijo que me seguiría, la segunda vez que quería hablar conmigo y la tercera vez me hizo una oferta”.

De este modo, un desconocido entrenador llamado Arrigo Sacchi (1946-), se hacía cargo del AC MIlan para afrontar la campaña 1987-88. Los primeros meses no fueron fáciles. Las vacas sagradas del vestuario, como Baresi o Van Basten, criticaban sus durísimos métodos de trabajo, con entrenamientos que llegaban a las 7 horas diarias. Después de perder los primeros partidos de aquella temporada, incluso hubo un motín para echar a Sacchi, quien pudo sobrevivir gracias a la intercesión de Berlusconi.

La idea de Sacchi era la de tener a los 11 jugadores en constante movimiento, con balón y sin balón. Aparentemente esa era la seña de identidad de  La Naranja Mecánica, un equipo en constante movimiento, desorganizado, pero que siempre atacaba organizado, sin embargo aquel Milan se movía, pero siempre dentro del radio de acción marcado por Sacchi. Todos atacaban y todos defendían, pero nadie podía salir de su zona de influencia. El que dirige el espacio dirige el juego”. Transformó el fútbol en matemáticas. Si Michels construía los partidos a partir de un saque de puerta propio, Sacchi lo hacía empezando con un saque de puerta del rival.

Sacchi añadió dos ideas nuevas, el doble pivote y la defensa en zona. En aquellos días, todavía se marcaba al hombre. Jugadores irrelevantes o toscos, como Chendo, pasarían a la historia por marcajes al límite de lo legal a los Maradona o Platini de turno. Sacchi introdujo la defensa en zona que exigía una gran concentración psíquica y física.

En la temporada 1988-89 se enfrentaron en semifinales de la Copa de Europa el Real Madrid y el AC MIlan. El Madrid de ‘La Quinta del Buitre’, que se paseaba por España, era el indiscutible favorito. En el partido disputado en San Siro, el Milan destrozó a los merengues por 5-0. De los 110 metros del césped, el Milan sólo jugaba en 60. “Nunca he visto un equipo tan junto en un campo”, diría Michel. Fue el punto que marcó el ocaso de aquella generación.

Al año siguiente se repetió el enfrentamiento, esta vez en los octavos de final. Ahora el Milan era el actual Campeón de Europa y por ende, el favorito. El Madrid cayó 2-0 en San Siro y en la vuelta, Toshack decidió romper aquella presión infernal evitando el centro del campo, es decir, buscando a los delanteros directamente desde el saque de puerta. Los merengues incurrieron 24 veces en fuera de juego y sólo lograron un empate (1-1).

Por entonces, si el último defensa estaba en línea con el delantero rival había infracción. A Baresi y compañía les bastaba con tener a un contrario como referencia para tirar la línea de fuera de juego y hacerle incurrir en off-side.  Al poco de aquella exhibición, la International Board decidió que para existir fuera de juego el delantero tendría que estar más adelantado que el defensa. No valía con que estuviera en línea.  Popularmente se conoce a esta regla como ‘norma Anti-MIlan’.

Antes de ganar dos Copas de Europa en tres temporadas, Van Basten preguntó a Sacchi porque a los demás les valía con ganar y el Milan, además de hacerlo, también tenía que dar sensación de autoridad y grandeza. Cuando en 2007 la revista World Soccer eligió al AC MIlan de Sacchi como el mejor club de fútbol de la historia, cuantan que Van Basten llamó al italiano y le dijo: “Míster, ya entiendo por qué no sólo valía con ganar”.

 

 

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Un aristócrata del balón

Tras conquistar su tercer Scudetto consecutivo por primera vez en su historia, Massimo Moratti, el presidente del Inter de MIlán, exhibía su júbilo ante los medios de comunicación. Al fondo, muy al fondo, se vislumbraba la figura de Luis Suárez Miramontes, Luisito, (A Coruña 1935-) el secretario técnico neroazurro, uno de los hombres que más han ‘hablado’ por el bien del Inter a la sombra, y uno de los que menos lo han hecho delante de las cámaras.

 

Corría el año 1951 cuando Alejandro Scopelli, entonces técnico del Deportivo, decide quedarse a ver el entrenamiento de los juveniles. En un momento dado, un chaval, de apenas 15 años, se coloca en el punto de penalty y dispara el balón con precisión al larguero. Tras rebotar en la madera, otro toque de primeras y vuelta a empezar. Así más de 20 veces, todas ellas sin dejarla caer. Luisito no volvería a entrenar con los juveniles.

 

El 6 de diciembre de 1953, con 18 años, Suárez debuta en la Liga en un partido en Les Corts ante el Barcelona. El Deportivo pierde por 6-1, pero el gran Kubala diría al término del choque: “Ese pequeño debutante llegará muy lejos. Es el tipo de interior que me gustaría tener a mi lado. Domina el balón y lo mete magníficamente. Parece un experto”. Sólo tres meses después, el Barcelona fichaba a Luisito por 550.000 pesetas.

 

Sin embargo, y a pesar de su innegable clase, Suárez nunca fue aceptado por la masa ‘culé’, porque Luisito, como muchos otros genios, no era un futbolista que destacara por su entrega física. Y ya se sabe que la grada venerá antes a un burro cojo que a un buen caballo de carreras.

 

El Arquitecto, apodo que le puso Alfredo Di Stéfano por su visión de juego tan sólo superada por la de la propia Saeta, supo esperar su momento, y cuando Helenio Herrera llegó al Barcelona para ganar 2 Ligas y 2 Copas de la UEFA, apostó por Luisito como ‘10′ indiscutible del equipo.

 

A Suárez se le calificó como el primer jugador español que hizo una ‘folla seca’, uno de los primeros futbolistas en dar pases de 40 metros al pie fruto de su exquisita técnica, así como un jugador con un disparo terrible desde fuera del área. De Luisito se dijo también que era un ‘gentelman’, lo que ayudó a aumenar esa fama de jugador sin sangre que tantos problemas le acarreo.

 

Como tantas veces haría el Barcelona con el paso de los años, Luisito fue la primera estrella azulgrana en salir de ‘Can Barça’ por la puerta de atrás. Después de perder la final de la Copa de Europa de 1961, Helenio Herrera se marcha al Inter, y exige como condición única que le acompañe El Arquitecto. En Barcelona nadie lloró su pérdida. Tardarían 15 años en recuperarse.

 

En el Inter, Suárez agrandó su leyenda con 2 Copas de Europa y 3 Scudettos. A pesar de que fue el standarte de la selección española que ganó la Eurocopa de 1964, fue en Italia donde encontró su verdadero hogar y donde aún reside ahora, venerado por los neroazurros y considerado un italiano más, del mismo modo que su gran ídolo y alter ego Alfredo Di Stéfano, es considerado un español más.

 

Cuando la FIFA confeccionó la lista de los 125 mejores jugadores vivos de todos los tiempos, Suárez no aparecía. Si estaban Emilio Butragueño, Luis Enrique o Raúl González. Suárez ganó 1 Balón de Oro, 2 Balones de Plata y 1 Balón de Bronce. La ignorancia no tiene límites y traspasa fronteras. El Arquitecto es uno de los grandes olvidados en la historia de este deporte. Menos mal que siempre nos quedarán las palabras que el diario L’Equipe le dedicó después de que France Football le otorgara el Balón de Oro:

 

“Suárez amansa el balón, dribla como nadie, coloca la pelota donde y cuando quiere. Parece un duque en el campo. Da la impresión de que no suda. Es un aristócrata del balón, y su fútbol, un espectáculo de ballet moderno”.

 

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El azote rojiblanco

Schwarzenbeck. Desde que en 1974 este defensa del Bayern de Münich le ‘robara’ la Copa de Europa al Atlético de Madrid con un gol que aún hoy en día nadie se explica como entró, el equipo rojiblanco se ha sumido en una espiral de derrotismo y pesimismo. Pero, para El Pupas, como se rebautizó al Atlético tras aquel 15 de mayo, hay otro jugador que encarna todas las pesadillas de los aficionados colchoneros. Veselin Vujovic, el mejor jugador del siglo XX en la historia del balonmano según la FIB, y el hombre que puso la primera piedra para que la sección de ‘handball’ del Atlético de Madrid dejara de existir.

Vujovic (Montenegro, 1961-) era el líder de uno de los mejores equipos que ha dado la historia del balonmano. Basic, Isakovic, Ignatovic, Mrkonja, Vukovic, Cvetkovic, Kuzmany y Vujovic. Esa era la Metaloplástika Sabak, que de forma tiránica ganó siete Ligas consecutivas en Yugoslavia antes de tomar el cetro europeo en 1985 y 1986 ganando la Copa de Europa.

En su primera final, en 1985, la Metaloplástika se enfrentó al Atlético de Madrid. El equipo rojiblanco sumaba 4 Ligas consecutivas y era el principal motor de la creciente popularidad del balonmano en España. Liderados por Lorenzo Rico, los colchoneros se presentaron a la final como favoritos, pero fueron aplastados por la Metaloplástika. Vujovic masacró al Atlético con sus goles desde el lateral izquierdo, pero en especial por su capacidad de liderazgo y por su polivalencia, que le permitía jugar en cualquier posición de la pista.

Dos años después, llega a la presidencia del Atlético de Madrid Jesús Gil y Gil. Lo hace a lo grande. Para la sección de fútbol contrata a Paulo Futre, lider del Oporto ganador de la Copa de Europa de ese año. Para la sección de balonmano quiere a Veselin Vujovic, el mejor jugador del momento. Si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Sin embargo, el acuerdo de Gil era con Alexandar Trifunovic, presidente de la Metaloplástika y no con el jugador. Vujovic había firmado un precontrato, pero apareció entonces el otro transatlántico del balonmano español, el FC Barcelona. La oferta era superior, y tras semanas de discusiones, Vujovic puso rumbo a la Ciudad Condal.

Lo que vino después forma parte de la historia.  Vujovic guiará al Barcelona a la conquista de 4 Ligas en 5 temporadas, y ayudará a que los azulgrana consigan su primera Copa de Europa en 1991, el primer paso para convertirse en el equipo más laureado del Continente.

Por su parte, el Atlético de Madrid no superó el golpe. No ganaría ningún trofeo más, y en 1991 -al mismo tiempo que Vujovic ganaba la Copa de Europa con el Barcelona- Jesús Gil anunciaba la desaparición del equipo, que tras un breve paréntesis en Alcobendas, se hizo efectiva en 1994.

¿Schwarzenbeck o Vujovic? No hay color. Si alguien a hecho méritos para ser entronizado como el verdadero azote de El Pupas, ese es Veselin Vujovic.

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El incordio del hockey catalán

Barcelona, Reus, Igualada, Voltregá, Noia y Liceo. Estos son los 6 campeones que ha tenido la Liga Española de Hockey a Patines, sin duda la más potente del mundo. Salvo uno, todos ellos tienen un denominador común, son equipos catalanes, la cuna del deporte del patín de ruedas.

La excepción es el Hockey Club Liceo, el club deportivo más laureado de Galicia, y el único capaz de ser una voz discordante en el panorama estatal.  6 Ligas, 9 Copas del Rey, 4 Copas de Europa, 2 Copas CERS y 2 Recopas adornan su palmarés. Hay quien dice que es un equipo hecho a base de talonario. Hay quien dice que es un sueño nacido en los patios de un colegio.

El colegio Liceo La Paz de A Coruña es el único de la ciudad herculina en el que los patios están invadidos por porterías de hockey y no de fútbol sala. Todo comenzó en 1972, cuando cuatro locos, comandados por Marcos Nieto y A. César Lendoiro (el que luego sería presidente del RC Deportivo), ponen las bases para convertir un equipo escolar en una potencia mundial del hockey.

De Segunda División gallega a Primera Nacional en seis años. Dos años después la primera Copa del Rey y en 1983 la Liga, la primera que no se iba a tierras catalanas. Fue entonces cuando llegó el talonario. Con el Deportivo sumido en las profundidas de la Segunda División, el Liceo pronto llego a los 4000 socios y manejó presupuestos de 600 millones de pesetas. Tenía que llegar la Copa de Europa, y lo hizo. Tenían que llegar los cracks y lo hicieron. Gil, Areces, Facundo Salinas, y sobretodo Daniel Martinazzo, el más grande.

Luego le Deportivo se convertiría en SuperDépor y el Liceo volvería a ser un equipo de colegio. En 2003 ganó la Copa de Europa, pero hace más de una década que no triunfa en ‘casa’. Sin embargo, aquel equipo nacido de la mano de cuatro locos sigue siendo el incordio del hockey catalán.

 

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Milagro en el Camp Nou

A los seis minutos Supermario Basler lanzaba una falta que tras golpear en la barrera se colaba en la meta de Peter Schmeichel. Manchester 0-1 Bayern.

A partir de ese instante la posesión del balón perteneció al equipo inglés. El Bayern, dirigido por el gran Matthaüs, se encerró atrás y salía rápido al contraataque.
Fue el Bayern quien tuvo las oportunidades más claras, ya que el Manchester hacia poco más que pasarse el balón en el medio del campo. A 10 minutos del final, Scholl tiró una vaselina que golpeó en el poste derecho de Schmeichel. En la siguiente jugada, Jancker lanzó una volea espectacular que da en el larguero. A 5 minutos del final, el United había dado el partido por perdido.
Con Lotthar Matthaüs en el banquillo celebrando el título, solo se esperaba el pitido final para que la máxima de Lineker se cumpliera una vez más. Pero aquel 30 de mayo de 1999 se cumplía el 90 aniversario del nacimiento de Matt Busby, la gran leyenda de los diablos rojos.
En el minuto 67 de partido Blomquist había sido sustituido por Teddy Sheringham. Era Sheringham un ilustre veterano del fútbol inglés al que muchos decían que le venía demasiado grande el Manchester. 14 minutos después saltaba al campo Ole Solskjaer. El noruego era una apuesta personal de Ferguson y estaba considerado un buen elemento de banquillo. Nadie habría apostado por ellos en aquella final europea de Barcelona.
Minuto 90. El Manchester a la desesperada. Desde la frontal y tras una serie de despejes Becks lanza un disparo. En el área decenas de camisetas. Rechaces. Rebotes. El balón llega a Sheringham; a su lado 4 camisetas del Bayern. Le pega mordida. Gol. El balón se cuela pegado al palo izquierdo de Kahn. Prórroga…
Minuto 91. En pleno éxtasis devil córner idéntico al anterior. Exactamente igual, quien ahora aparece es Solskjaer. Cabezazo perfecto, de los que enseñan en las escuelas. Pega en el palo. Gol. 2-1. El Manchester gana la Copa de Europa.
Risas y lágrimas. Matthaüs no se lo podía creer. Kuffour y Tarnat apoyados en los palos de la portería no tenían fuerzas para continuar. La imagen de Collina intentando levantarlos pasará a la posteridad. Por una vez el fútbol no es un deporte donde siempre ganan los alemanes.

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