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Homenaje a Colombes

Mucho antes de que existiera Saint Denis, incluso antes de que el Parque de los Príncipes se convirtiera en la ‘casa’ de Francia, existía el Estadio Olímpico Yves-du-Manoir, o lo que es lo mismo, el Estadio de Colombes.

En la región de la Isla de Francia, a las afueras de París, se encuentra Colombes, lugar que en 1883 vio la construcción de un hipódromo. En 1907, el diario ‘Le Matin’ compra el recinto y lo transforma en un estadio de fútbol para 4.000 espectadores.

Cuando en 1921 el COI designa a París sede de los Juegos Olímpicos de 1924, la alcaldía parisina se enfrenta al problema de construír un gran estadio para albergar el acontecimiento.  Se amplía entonces el Estadio de Colombes a los 45.000 espectadores para convertirlo en el Estadio Olímpico de Colombes o Estadio Olímpico Yves-du-Manoir, como sería rebautizado en 1928, tras la muerte de quien fuera jugador de la selección francesa de rugby.

En aquellos Juegos, Colombes fue testigo de la lucha entre Harold Abrahams y Eric Lidell por hacerse con la medalla de oro en los 100 metros lisos, un duelo deportivo-religioso que tan bien explicó Hugh Hudson en la oscarizada ‘Carros de Fuego’. Pero Colombes, ante todo, fue testigo del encumbramiento de Giuseppe Meazza como mejor futbolista de entreguerras, tras conseguir el Mundial de 1938 -el segundo consecutivo- con la selección italiana.

Uno de los últimos homenajes a Colombes, vino también de la mano del cine. John Houston estrenó en 1981 la película ‘Evasión o Victoria’ -considerada la mejor película de temática futbolística de la historia-. El director decidió que el partido que tendrían que jugar una selección Nazi contra una de presos comandada por Pelé, Ardiles, Bobby Moore y Van Himst, sería en Colombes. Genial. Lástima que el filme fuera rodado en Budapest, y así, el estadio que se ve en la pantalla, no es el mítico coliseo parisino.

En 1972, el Parque de los Príncipes de París sufrió una profunda remodelación que supuso la demolición de su mítico velódromo. Esto significó dos cosas; por un lado que la última etapa del Tour de Francia cambiara de escenario y se trasladara a la Avenida de los Campos Elíseos, y segundo, que la selección francesa de fútbol abandonara el vetusto Colombes para jugar sus encuentros en el nuevo ‘Parc des Princes’.

Después de que en 1975 Colombes acogiera por última vez un partido de la ‘Tricolor’, el estadio pasó de los 45.000 espectadores de aforo a los 15.000, eso sí, todos ellos sentados.  En la actualidad, el Racing Metro 92, equipo francés de la Primera División de Rugby, tiene el honor de jugar en uno de los recintos más emblemáticos del deporte europeo.

Una de las últimas obras de arte que se pudieron ver en Colombes se produjo en 1969. Cuartos de final de la Copa de Europa. En la ida, Ajax 1-3 Benfica. En la vuelta, Benfica 1-3 Ajax. Partido de desempate. Escenario; Colombes. Eusebio vs Cruyff. Gana Cruyff 1-0 y toma el testigo de Eusebio como nuevo Rey de Europa.

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La rata que volvió de la muerte

Nurburgring, Alemania 1976. El Ferrari de Niki Lauda choca contra un muro al salirse de la pista, rebota y vuelve nuevamente a la pista. De repente, el coche comienza a arder y Niki con él. Tres pilotos se detienen a ayudarle: Harald Ertl, Guy Edwards y Arturo Merzario; al que más tarde Lauda le regaló un reloj de oro en agradecimiento. El piloto austriaco arde vivo. Al borde de la muerte, un sacerdote le administró la extremaunción. Tiene graves daños en los pulmones y en la sangre además de quemaduras en el rostro. Cayó en coma.

Lauda había nacido en el año 1949 en el seno de una familia adinerada. En contra -y gracias a su ayuda económica- de la voluntad de su familia comenzó a competir en carreras labrándose un nombre que provocó que Luca di Montezemolo lo fichara para Ferrari en 1974.

Al año siguiente Lauda lograría el campeonato. Se le llamaba la rata porque era un estudioso de las carreras, del coche. Precisamente se decía que había ganado el título por ello y no por ser un buen piloto.

Seis meses después de caer en coma, Lauda milagrosamente vuelve a las pistas. Su rostro lo delata. Niki confesaría en su biografía que “estaba petrificado de miedo” el día que volvió a la competición.

Volvió para jugarse el título mundial. Debía quedar delante de Hunt, su rival en el GP de Japón. En un día lluvioso, a la segunda vuelta abandonó. Se dice que al no tener cejas el agua le entraba en los ojos impidiéndole así la visión. La escudería Ferrari jamás se lo perdonó, y aunque volvió a ganar el título en 1977 fue despedido de la firma italiana y tras probar con Brabham se retirará en 1979.

Sorpresivamente, en 1982 el hombre que volvió de la muerte, vuelve a los circuitos. Después de una exitosa prueba con McLaren, su único problema fue convencer al patrocinador del equipo, Marlboro, de que aún era capaz de ganar. Lo demostró en la tercera carrera. Dos años después Niki Lauda consiguió su tercer campeonato del mundo con una victoria por medio punto sobre su compañero de equipo Alain Prost.

La imagen de su coche envuelto en llamas, recorrió el mundo entero. Tres valientes conductores y un policía lograron sacarlo. Tenía quemaduras de primer y de tercer grado en la cabeza y en las muñecas, varios huesos rotos y los pulmones inundados de gases tóxicos. Se lo dio por muerto, y hasta un sacerdote le dio responso, pero seis semanas más tarde, con sangre mojando los vendajes de su cabeza, terminó cuarto en el Grand Prix de Italia. Es la rata que volvió de la muerte.

 

 

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Y desde entonces también hay que jugar bien

Cuando la desconocida Holanda se convierte en potencia futbolística a comienzos de los 70, la WM había dejado paso al catenaccio. Se había pasado de los 5 delanteros a los 3 atacantes, eso sí muy lejos del único delantero del habitual en nuestros días 4-2-3-1. El caso es que en aquel país de las flores y el queso, se comienza a practicar un fútbol distinto al habitual, primero por medio de sus clubes y luego trasladado a su selección, debido a un gurú Rinus Michels.Al igual que sucediera con el Wonderteam de Sindelar y la Hungría de oro, Holanda jamás lograría ganar un Mundial. Dio igual. Michels, en más de una ocasión no dudo en reconocer que Holanda no fue la primera en practicar el fútbol que a él le gustaba, sino que antes estos equipos le habían enseñado el camino.

Pero La Naranja Mecánica tenía un sistema completamente nuevo a lo visto hasta entonces. Basándose en un 3-4-3 flexible, se establecia un sistema rotativo en el que los jugadores no tenían posición fija. La clave era que todos atacaban y todos defendían.

Sin menospreciar a los Van Hanegem, Van der Kherkof o Jansen, la base de aquella Holanda era el tres veces campeón de Europa Ajax de Amsterdam. Suurbier, Krol, Neeskens, Rep, Keizer, Haan, Hulhosff y Resenbrick, el hijo pródigo…pero por encima de todos estaba un genio, Johan Cruyff. El Flaco era un delantero de movilidad extraordinaria que hacía sangría entre los defensas debido a sus desmarques entre líneas.

Un periodista brasileño lo llamó “la desorganización organizada”. Holanda desplegaba un fútbol rápido, dinámico, ofensivo, con un sistema defensivo que aplicaba de cine el fuera de juego, desplegándose y replegándose vertiginosamente en abanico. Todos tocaban la misma música y Cruyff era el director de orquesta y el músico de fila –trabajaba más que nadie-, de una máquina en la que quizás solo chirriaba su guardameta.

En aquel Mundial del 74, dejaron para el recuerdo el que es considerado mayor exhibición técnica de la historia del fútbol por la mayoría de los especialistas, un fabuloso 4-0 a Argentina que provocó que los sudamericanos totalmente desquiciados se dedicaran a dar patadas fruto de la desesperación…cuando apenas se había cumplido el primer cuarto de hora.

Jamás se practicó y jamás se practicará fútbol como aquel. Tenía el descaro ofensivo de antaño y la solidaridad y presencia física del actual. Eso sí, desde aquella y como dijo Cruyff; “si quieres pasar a la historia no vale solo con ganar, hay que jugar bien.”

 

 

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Campeones en EQUIPO

3 de septiembre de 2006. Histórico. Campeones del mundo. España. El mismo país que hace treinta años tenía como altura media el 1’65. Qué bárbaro!

Después de un torneo perfecto, en la final se vió la mayor exhibición defensiva que alcanzo a recordar. Los primeros veinte minutos fueron espectaculares, dejando a los griegos en unos paupérrimos 23 puntos.

Hubo tres factores claves en la final.

El primero la defensa de ayudas. Cada vez que un jugador griego fintaba a su hombre, allí aparecía la segunda línea española para forzar la falta en ataque. Especial mención para Carlos Jiménez y su ayuda dentro y fuera de la zona.

La segunda la defensa a Theo Papaloukas. El grandísimo base griego es tan bueno como previsible. Encara a su rival y busca la entrada, siempre buscando el 2+1. Cuando recibe la ayuda abre el balón para que el alero alto clave un triple. Su defensa requiere un movimiento y concentración total de todo el quinteto. Fabuloso Berni cerrándolo y Marc y Jorge esperándolo abajo; pero sobre todo destacar la basculación de los hombres pequeños que cortaron los pases a los triplistas, impidieron que tiraran cómodos, y provocaron que el alma y guía griega acabará desquiciado.

La tercera clave es el concepto de equipo. La baja de Gasol demostró a los incrédulos que estábamos hablando de 11 jugadores de primerísmo nivel que convierten a España, a diferencia de la Alemania de Nowitzki, la Francia de Parker o en otros tiempos la Grecia de Gallis o la Italia de Meneghin, en un gran equipo.

Y para dirigir tal cantidad de talento está Pepu Hernández. Destacó por dos cosas en su etapa en Estudiantes. La primera por su capacidad por unir al grupo y la segunda por su trabajo preparando la defensa y ataque de zonas. Ese había sido el gran hándicap de España en las últimas competiciones, y esta vez no se naufragó tirando triples ni defendiendo pick n’roll’s. Es que si no, no seríamos campeones del mundo.

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Zizou

A mí no me gusta hablar de los cuatro grandes. Me parece una aberración. No se pueden comparar épocas distintas. A principios del 2006 la firma alemana Adidas entregó tres pares de botas idénticas a las usadas por su selección en la final del Mundial de 1954 a jugadores del Schalke 04.  Parecían novatos de Tercera Regional. Eran incapaces de dar más de tres toques seguidos a unos utensilios que tenían mucha similitud con las actuales botas usadas por los marines.

Tenía más técnica Di Stéfano que Maradona? Quizás. Pero Don Alfredo sería incapaza de aguantar más de 20 minutos en un partido actual. El puro y la copita de anís hacen estragos.

Para mí hay épocas. Los años 30 fueron para Meazza y Sindelar. Los 50 son de Di Stéfano. Los 60 son de Pelé, los 70 de Cruyff y de Beckenbauer, los 80 de Maradona y los 90 tardíos de Zidane. Zinedine es el único que proviene de África. El único capaz de conjugar técnica y físico con la rigidez táctica que hacen del fútbol de hoy en día una máquina totalmente engrasada. Un nueve (9) en todos los sentidos.

Y el físico de Zidane dijo basta. El día elegido era el 9 de julio. El marco una final de la Copa del Mundo. Inigualable. A los 7 minutos, penalty. Zizou la coge. Enfrente el que dicen mejor portero del mundo. Por donde lanzar? El árbitro pita. Uno, dos, tres pasos. Zidane no la golpea, la acaricia. El balón hace una parábola majestuosa, golpea en el larguero. Buffon cae, el balón también. Golpea en la línea. Zizou ni se inmuta. Suspense para todos menos para él. No busca un posible rechace. Gol. Maradona dice que es un genio, Pelé que en una pierna tiene más calidad que toda la selección francesa junta.

Minuto 122. Roja. La misma cabeza que ocho años atrás otorgó un Mundial ahora lo hace perder. JM Rubio decía que Maradona hizo muchas cosas mal pero todas fuera del campo. El fraile las hizo dentro. Qué lastima! Zeus ya no aprenderá a hablar francés.

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