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L’Enfant terrible

“1966 fue un gran año para Inglaterra. Eric nació”. Así rezaba un famoso spot de NIke, que jugaba con la irreverencia, para comparar el título de Campeón del Mundo conseguido por los pross aquel año, y el nacimiento de uno de los jugadores más polémicos de los últimos tiempos, el francés Eric Cantona.

Con 17 años comienza a despuntar con el Auxerre, equipo con el que cuaja muy buenas temporadas, y en 1988 el Olympique de Marsella consigue ficharlo. En el equipo de Bernard Tapie apenas tendrá oportunidades eclipsado por jugadores como Enzo Francescoli o Jean Pierre Papin, y es cedido año tras año, primero al Girondins de Burdeos, luego al Montpellier y por último al Nimes. Estamos en 1992, Cantona tiene 26 años y no encuentra su sitio. El problema no es su clase. El problema es su cabeza. A escándalo por temporada.

Con apenas 20 años le dio un puñetazo en un entrenamiento a su compañero Martini. Al año siguiente, fue sancionado con tres partidos de suspensión por una entrada violenta. En 1989 fue apartado de la selección francesa por insultar al seleccionador Michel Hidalgo. Ese mismo año, fue nuevamente sancionado, esta vez por un mes de duración, por tirar la camiseta al suelo y lanzar el balón al público al ser sustituido -y era un amistoso-. Cuando estaba en el Montpellier, le lanzó las botas a la cara a un compañero y estuvo apartado del equipo 10 días. En 1991 le tocó el turno a un árbitro. Le lanzó el balón a la cara. Un mes de sanción. Al enterarse, protestó ante las cámaras de televisión y le aumentaron la pena dos meses más.

Lo curioso es que Cantona, a diferencia de muchos de sus compañeros, no es un hombre al que le gustara especialmente la noche. En su tiempo libre pinta y escribe poesía. Un genio con dos caras. Por un lado el sibarita y por otro el arrogante, al que cuando le preguntan quien fue el mejor jugador francés de la historia, si Zidane o Platini, contesta: “Ninguno, soy yo”.

Por todo ello, cuando en 1992 ficha por el Leeds United inglés nadie confía en sus posibilidades. Además de lo que ya de por sí significaba Cantona, era imposible que un jugador europeo triunfara en el fútbol inglés. Se pensaba que en pocos meses, Eric volvería a Francia, y a esa idea no ayudó que al poco de llegar a Leeds escupiera a un aficionado local.

Sin embargo, la arrogancia de Cantona encontró su lugar en Inglaterra, realizando una temporada espectacular que lleva al Leeds al título de manera sorprendente. Es entonces cuando el Manchester United decide apostar por él. Y además a lo grande. Le da el número 7. El de George Best. Comenzaba la era de Eric el Rojo.

“Me siento más inglés que francés”, diría años más tarde Cantona, que siempre tuvo una relación de amor-odio con su país. Manchester es su casa. Se convierte en el número 1 para la afición. Gana cuatro ligas en cinco años. Obtiene el reconocimiento mundial. Es díscolo y arrogante, pero los años le han permitido encauzar esa agresividad en el campo.

Aún así, el 25-I-95 volvió a dejar una imagen ‘made in Cantona’. En un partido ante el Crystal Palace, Eric es expulsado. Cuando se dirige a vestuarios, un sector del público comienza a abuchearle. Eléctrico, Cantona sale disparado hacia un aficionado y le propina una patada en la cara además de un puñetazo. Nueve meses de sanción. Eric el Rojo se había transformado en Karate Kid. “¿Mi mejor momento? Cuando le di la patada a aquel hooligan”, declararía ya retirado. Genio y figura.

Irreverente como pocos, ‘L’Enfant terrible’ decidió colgar las botas en 1997 con tan sólo 31 años. La gente se echó las manos a la cabeza. George Best lo expresó mejor que nadie. “Daría todo el champán que me he bebido por jugar con él un buen partido europeo en Old Trafford”.

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